Eficacia de la Vitamina C en el Tratamiento de Cáncer

La aplicación intravenosa de vitamina C a altas dosis mediante goteo puede destruir las células cancerosas en cualquier lugar del organismo sin producir efectos secundarios. Así lo indican trabajos de investigación perfectamente documentados. Eso sí, su aplicación debe hacerse a través de goteo y nunca inyectarla en vena o intramuscularmente. Y debe hacerse de forma progresiva para no producir reacciones adversas. La dosis inicial recomendada es de 1,5 gramos diarios. Al parecer la vitamina C actúa contra las células cancerosas al provocar la producción de peróxido de hidrógeno siendo éste el que se ocupa de destruirlas mediante la generación de radicales libres. Claro que ni el producto ni la terapia son patentables y el método es demasiado barato. Y a ningún gran laboratorio le interesa por tanto que se sepa. Se lo contamos en detalle.

Las conclusiones del estudio ‘Pharmacologic ascorbic acid concentrations selectively kill cancer cells: Action as a pro-drug to deliver hydrogen peroxide to tissues’ publicado en septiembre pasado en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ no pueden ser más claras: “Los datos de la investigación nos indican que el ascorbato en concentraciones solo logradas mediante administración intravenosa puede ser una pro-droga que favorezca la formación de H202 (peróxido de hidrógeno) y que la sangre puede ser el medio por el que llegue a los tejidos. Estos resultados dan pues plausibilidad a la aplicación intravenosa del ácido ascórbico en el tratamiento del cáncer y tiene además implicaciones inesperadas en el tratamiento de infecciones donde el peróxido de hidrógeno puede ser beneficioso”. La investigación ha estado impulsada por el doctor Mark Levinee -director de la sección Molecular y de Nutrición Clínica del National Institute of Diabetes, Digestive and Kidney Diseases- quien ya en el año 2.000 consiguió que se revisaran al alza las dosis máximas recomendadas de ingesta diaria de vitamina C y gracias a ello se aumentó en el caso de los hombres de 60 a 90 mg y en el de las mujeres de 60 a 75 mg. Aunque él recomendó más del doble: 200 mg diarios.

En sus trabajos Levinee había comprobado que si bien la absorción de vitamina C alcanza siempre un punto de saturación cuando es ingerida oralmente no ocurre lo mismo cuando es introducida directamente en sangre. “Cuando las dosis de vitamina C se administran de forma intravenosa -explica Levinee- inicialmente sobrepasan el límite en el torrente sanguíneo pero luego es eliminada”. Según sus investigaciones una dosis de 1 gramos de vitamina C administrada de forma intravenosa produce una concentración 25 veces mayor en el torrente sanguíneo que la que se alcanza con la misma dosis consumida por vía oral. Levinee y su equipo pensaron entonces que con la vitamina C podía ocurrir lo mismo que con algunos antibióticos que son peor absorbidos cuando se consumen oralmente mientras por vía intravenosa son mucho más efectivos. Y a fin de comprobar qué efecto tendría la vitamina C en dosis altas sobre las células cancerosas usaron “in vítro” distintas líneas de células tumorales a las que hicieron llegar una elevada dosis (en una cantidad que sólo podría conseguirse en el organismo infundiéndola directamente en sangre). Y lo que comprobaron es que la vitamina C “¡no afecta a fas células sanas y, sin embargo, mata fas células cancerígenas”. Posee pues “acción selectiva”. Algo que desde luego no se puede decir de los medicamentos quimioterapéuticos. Cabe agregar que según sus investigaciones la vitamina C lleva a la formación de peróxido de hidrógeno -una sustancia química utilizada de forma natural por nuestro sistema inmune- siendo éste al parecer el que realmente elimina las células cancerosas.

El siguiente interrogante de Levinee y su equipo fue obvio. Lo habían comprobado “in vitro” pero, ¿tendría algún efecto secundario negativo en el organismo una dosis tan alta de vitamina C infundida en sangre? ¿Y sería igual de eficaz su acción sobre las células cancerosas y los tumores en el cuerpo como se había constatado “in vitro”? Levinee ha anunciado que, para saberlo, se ha puesto ya en marcha un ensayo en Fase I con personas. “Ese primer ensayo -explicaría- nos dirá si la vitamina C, aplicada de forma intravenosa, es segura para las personas. Y aunque lo hecho hasta ahora nos permite tener evidencias que indican que hay que reinvestigar las posibilidades del ácido ascórbico en el tratamiento de cáncer .”
Sí, Levinee prefiere ser prudente pero él no ignora que en la actualidad existen profesionales de la salud -médicos y practicantes de la llamada medicina complementaria o alternativa- que ya utilizan habitualmente vitamina C de forma intravenosa para tratar el cáncer y saben de su falta de toxicidad. Incluso que ya hay realizado un ensayo Fase I en ese sentido. Debemos agregar que el estudio ahora publicado no es sino la continuación de otro dado a conocer en abril del pasado año -en el que también participó Levinee- bajo el titulo ‘Vitamin C Pharmacokinetics: Implications for Oral and Intravenous Use’ en el que se concluía: “La vitamina C ingerida por vía oral produce concentraciones en plasma que son herméticamente controladas. La administración intravenosa de vitamina C produce altas concentraciones en plasma que tiene actividad antitumoral. Como quiera que la eficacia del tratamiento con vitamina C no puede derivarse de los tratamientos que usan sólo dosis orales el papel de la vitamina C en el tratamiento del cáncer debe set reevaluado”.

Conviene además detenerse en ese estudio -publicado en Annals of interna/ Medicine- por otra razón no menos importante: uno de los firmantes de tan significativo trabajo, junto a Levinee, es el doctor Hugh 0. Riordan, probablemente uno de los mayores expertos mundiales en la aplicación intravenosa de vitamina C en casos de cáncer. Por tanto Levinee podrá mostrarse todo lo prudente que considere necesario para ir cumpliendo etapas pero conoce la realidad del uso intravenoso de la vitamina C perfectamente.

DEL LABORATORIO A LA CLÍNICA

¿Y quién es Hugh D. Riordan? Pues se trata del director del Bio Communications Research Institut (BCRI), centro ubicado en Wichita (Kansas, EEUU) y que es sin duda uno de los que tiene en el mundo mayor experiencia en el ámbito de la investigación con vitamina C. De hecho ha finalizado recientemente un trabajo de investigación desarrollado en colaboración con la Universidad de Puerto Rico que ha durado quince años -el proyecto RECNAC (cáncer escrito al revés)- sobre tratamientos alternativos en cáncer que se encuentra en la actualidad ampliando su campo de investigación al ámbito de la Inmunología y las energías sutiles. De ahí que constituya quizás la fuente internacional más importante sobre las funciones biológicas y usos terapéuticos de la vitamina C. Pues bien, también los datos del RECNAC indican que la vitamina C, en combinación con otros antioxidantes, destruye las células tumorales en concentraciones aplicadas clínicamente. Y aunque en un principio pensaron que la aplicación intravenosa de vitamina C en altas concentraciones producía sus resultados a través de una doble respuesta biológica -el refuerzo del sistema inmune y el incremento de producción de colágeno- en cuanto avanzó la investigación se descubrió la capacidad de destrucción directa de las células tumorales. Lo que ahora confirma el trabajo de Levinee. Claro que los investigadores del Bio Communications Research Institut fueron los primeros en informar -¡en 1995!- que la vitamina C en altas dosis es selectivamente tóxica para las células tumorales y que ese grado de toxicidad sólo puede lograrse mediante aplicación intravenosa. La investigación fue publicada en el British Journal of Cáncer en el 2.001. También fue el primer centro en describir en detalle la fármacocinesis de la vitamina C en altas dosis. Incluso, como antes decíamos, completaron un ensayo en Fase I en el Centro Médico de la Universidad de Nebraska para comprobar la seguridad de la aplicación intravenosa de la vitamina C en ltas dosis. Para ello se dio a pacientes terminales con cáncer gastrointestinal dosis de 15, 30, 43, 57 y 70 mg/kg/día, es decir, el equivalente a 1, 2, 3, 4 y 5 gramos diarios para una persona de 70 kilos ¡Y no se apreció ninguna toxicidad! El Dr. Hugh Riordan se encuentra en la actualidad desarrollando un ensayo clínico Fase II -bajo el auspicio de los Institutos Nacionales de Salud- sobre la aplicación terapéutica de altas dosis de vitamina C en pacientes de adenoma renal.Pues bien, con toda esta experiencia a sus espaldas Riordan resumió ¡hace ya 5 años! en un estudio efectuado junto a Neil H. Riordan y Joseph Casciari bajo el titulo Clinical and Experimenta! Experiences with intravenous Vitamin C -aparecido el año 2.000 en el Journal of Orthomolecular Medicine- las conclusiones obtenidas tras el tratamiento clínico de pacientes de cáncer con altas dosis de vitamina C por vía intravenosa… sólo que en su forma de ascorbato sódico en lugar de ácido ascórbico. Y las principales conclusiones obtenidas fueron las siguientes:

Ø La vitamina C en alta dosis es tóxica para las células tumorales
Ø Las concentraciones de vitamina C son capaces de eliminar las células tumorales sólo pueden lograrse en seres humanos de forma intravenosa.
» Algunos pacientes de cáncer han experimentado ¡remisiones completas! tras recibir altas
dosis de vitamina C por vía intravenosa. » La mayor destrucción de células tumorales se obtiene con dosis superiores; en todo caso, las remisiones totales en pacientes tratados con esa dosis probablemente se deban a la respuesta biológica que induce la vitamina C más que a sus efectos citotóxicos. Hay que añadir que el estudio se presentó acompañado de algunos de los casos tratados.

Veamos dos de ellos porque son suficientemente significativos:

1. El primero fue un carcinoma metastático de pecho en fase terminal que padecía una mujer de 68 años hospitalizada en 1995. “Su último escáner -relata el informe- mostraba metástasis ‘casi en cada hueso de su esqueleto’. La paciente experimentaba dolores óseos imposibles de controlar con narcóticos. Se le pusieron inicialmente 3 gramos de vitamina C por vía intravenosa al día aumentando a 5 gramos al día durante 5 horas. Al cabo de una semana la paciente empezó a pasear por los pasillos del hospital. El personal del mismo informó de que parecía una nueva persona hasta el punto de que recibió el alta. Ya en su casa recibió 3 gramos de vitamina C por vía intravenosa 3 veces por semana. Tres meses después de empezar la terapia con ella un escáner revelaba la disolución de varias metástasis en el cráneo. Seis meses después de empezar el tratamiento con vitamina C se cayó mientras estaba de compras en un centro comercial y murió a consecuencia de las fracturas sufridas”.

2. El otro de los casos se refiere a un linfoma no Hodgking. “En otoño de 1994 un granjero blanco de 73 años de Kansas occidental fue diagnosticado de linfoma no Hodgking extendido. Las biopsias y tomografías computerizadas revelaron el envolvimiento de un tumor bilateral en su anterior y posterior zona cervical afectando a los ganglios inguinales, axilares y mediastinales. Fue tratado con quimioterapia durante 8 meses lo que le produjo una remisión del mismo. En julio de 1997 empezó a perder peso. De vuelta a su oncólogo una tomografía mostró una recurrencia del cáncer. En septiembre de 1997 comenzó de nuevo con quimioterapia. En diciembre de 1997 desarrolló leucopenia y un extenso Herpes Zoster en su lado izquierdo. Como resultado se detuvo la quimioterapia. En marzo de 1998 ingresó en nuestro centro y comenzó a recibir vitamina C intravenosa y oral junto a otros suplementos nutricionales, incluido el ácido lipóico. Su dosis de vitamina C fue aumentando hasta recibir 5 gramos en 500 cc. de agua destilada dos veces por semana. Continuó con esa dosis durante 11 meses. Tres meses después de empezar la terapia con vitamina C la tomografía no mostró ninguna evidencia de malignidad. Otro examen en febrero de 1999 también indicó que estaba limpio y fue declarado en remisión completa por su oncólogo. También hay que notar que este paciente era adicto a las pastillas de dormir cuando llegó por primera vez al centro. Después de 3 meses de terapia con vitamina C intravenosa reemplazó las pastillas de dormir con té de Kava”.

Llegados a este punto hay que aclarar que según los investigadores del Bio Communications Research Institut la aplicación intravenosa de la vitamina C debe hacerse a través de goteo y nunca inyectándola de forma directa en vena, ni intramuscularmente. Y debe hacerse siempre de manera progresiva para no producir reacciones adversas siendo la dosis inicial recomendada de 5 gramos diarios. “Nosotros -puede leerse en Clinical and Experimenta/ Experiences with intravenous Vitamin C- generalmente aplicamos ácido ascórbico mezclado con lactato de Ringer hasta 5 gramos y en agua estéril para cantidades más grandes. Usamos una mezcla de ascorbato de sodio que contiene 0.91 moles de sodio por mol de ascorbato”. Eso sí, después de explicar el protocolo utilizado en el tratamiento intravenoso con vitamina C los autores recuerdan que “el tratamiento nunca debe reemplazar a un tratamiento eficaz ya probado. Sólo debe ser considerado en los casos de fracaso del tratamiento convencional, los casos sin tratamientos eficaces conocidos y los casos en que se use como un adyuvante a los tratamientos ya probados”. ¿Y eso por qué? Pues porque la Oncología está dispuesta a que se use cualquier cosa como coadyuvante pero nunca como tratamiento alternativo en exclusiva. ¡Hay que preservar el negocio!

Debemos agregar que existe mucha más literatura sobre la aplicación intravenosa de la vitamina C -con resultados similares- pero sin lugar a dudas la experiencia del Bio Communications Research Institut en este campo sirve de ejemplo. Bienvenidas sean pues las nuevas aportaciones de Levinee avaladas por los Institutos Nacionales de Salud (NIH)… siempre que no se intente luego distorsionar la verdad, algo que en la historia de la vitamina C ha sido moneda corriente.

LA VITAMINA C – TÓXICO SELECTIVO

En suma, el trabajo de Levinee sobre las posibilidades terapéuticas de altas dosis de vitamina C por vía intravenosa en cáncer no es, como ya hemos visto, sino la confirmación -eso sí, aporta el aval de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH)- de investigaciones ya realizadas. Porque ni siquiera es nueva la afirmación de que la efectividad antitumoral de la vitamina C procedería de su papel como mecanismo para la liberación de peróxido de hidrógeno (H202) y que es éste el que destruye las células tumorales. Ya en el número de agosto de 1997 de la revista Prostate aparecía publicado un artículo titulado Effect of vitamin C on prostate cáncer cells in vitro: effect on cell number, viability, and DNA síntesis en cuyas conclusiones se afirma: “La vitamina C inhibe la división y el crecimiento celular a través de la producción de peróxido de hidrógeno el cual daña a las células a través de un mecanismo aún no identificado de generación de radicales libres. Nuestros resultados sugieren que el ácido ascórbico es un potente agente anticancerígeno contra las células del cáncer de próstata”. Y en esa misma línea apuntaba el estudio del Bio Communications Research Institut titulado Intravenous Ascorbate as a Chemotherapeutic and Biologic Response Modifying Agent del mismo año en el que se afirmaba: “Las células tumorales son susceptibles a la perioxidación producida por altas dosis de ascorbato”. Y, por cierto, resulta especialmente interesante constatar que el trabajo de Levinee tiende un puente hacia otra de las denominadas terapias alternativas contra el cáncer, la Oxigenoterapia, que desde hace tiempo utiliza precisamente el peróxido de hidrógeno para combatir el cáncer.

Aclararemos a las personas no versadas que la fórmula química del peróxido de hidrógeno es H202. Contiene pues un átomo más de oxígeno que el agua (H20). Y por eso en determinadas circunstancias el peróxido de hidrógeno se descompone en agua (H20) y oxígeno (O) siendo su uso más común el de la llamada agua oxigenada. De hecho, las burbujas que observamos al aplicar agua oxigenada sobre una herida son consecuencia del oxígeno que procede de la descomposición del peróxido en agua y oxígeno siendo por eso por lo que es capaz de destruir las bacterias presentes en la herida. Sólo que en la naturaleza el oxígeno (02) tiene dos átomos -una combinación muy estable- mientras un solo átomo de oxígeno resulta muy reactivo (de hecho, es conocido como radical libre). Y los radicales libres no gozan precisamente de buena fama. Todos hemos oído decir que son responsables de gran parte de las enfermedades conocidas. ¡Hasta del envejecimiento! Lo que muchos ignoran, sin embargo, es que nuestros cuerpos producen y usan esos mismos radicales libres para destruir bacterias, virus, y hongos. De hecho, las células de nuestro sistema inmune (macrófagos y leucocitos) responsables de combatir las infecciones y los invasores extraños de nuestro organismo fabrican peróxido de hidrógeno y lo usan para oxidar-elíminar a cualquier invasor que se presente. Siendo pues la capacidad de nuestras células para producir peróxido de hidrógeno esencial para la vida. El peróxido de hidrógeno no es, por consiguiente, ningún derivado indeseable ni ningún tóxico dañino sino un requisito básico para tener buena salud y por eso se encuentra presente en muchos de los procesos metabólicos.

Lo singular es que la base teórica de la utilización del peróxido de hidrógeno como terapia contra el cáncer fue fruto del trabajo de Otto Warburg, Premio Nobel de Medicina ¡en 1931! por describir los mecanismos de la respiración celular. Warburg observó que las células cancerosas tienen una tasa de respiración más baja que las células normales por lo que dedujo que crecen bien en ambientes bajos en oxígeno y que introduciendo niveles de oxígeno más altos se puede retrasar su crecimiento o, incluso, eliminar las células tumorales. También comprobó que para obtener oxígeno del peróxido de hidrógeno es necesaria una enzima denominada catalasa. Pues bien, en un trabajo realizado por los doctores Joseph A. Tur. Antoni Pons. Pedro Tauler Riera y Antoni Aguiló -miembros del grupo de investigación en Nutrición Comunitaria y Estrés Oxidativo del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias de la Salud (IUNICS) de las Islas Baleares- puede estar una de las claves del proceso de formación del peróxido de hidrógeno a partir de la vitamina C. “Se han obtenido evidencias -afirmarían- de que la vitamina C provoca un incremento de los neutrófilos después de una actividad física extenuante y, por tanto, de sustancias antioxidantes endógenas. Los experimentos realizados con buceadores lo confirma: aquellos cuya dieta estaba suplementada con vitamina C tenían más catalasa en sangre, secretada por los neutrófilos”. Una afirmación que, por cierto, establece un claro hilo conductor entre la vitamina C y la importancia de los neutrófilos para combatir el cáncer, base de la teoría del físico español Antonio Brú sobre la inhibición del crecimiento tumoral (lea el artículo publicado sobre ello en la sección “Cáncer”).A pesar de ello la terapia con peróxido de hidrógeno es muy discutida. Sus defensores, sin embargo, la aplican tanto de forma intravenosa como oralmente. En todo caso, ambos medios requieren un peróxido de hidrógeno de calidad pura, diferente desde luego del que uno puede comprar para el tratamiento tópico de heridas. De hecho, el 3% de peróxido de hidrógeno que se obtiene en las farmacias contiene también otros productos que son peligrosos -entren en el organismo por vía intravenosa o por vía oral- aunque la posibilidad de ingerirlo oralmente divide incluso a quienes sostienen la eficacia del peróxido de hidrógeno como terapia por los posibles peligros que puede presentar para el paciente. El doctor C. H. Farr -uno de los defensores de la terapia por vía intravenosa y autor de The Therapeutic Use of intravenous Hydrogen Peroxide- recomienda trabajar a partir de una pureza en el producto de un 30% que, sometido a diversas etapas de manipulación, produce una concentración del 0’0375 % por cada 100 mi. en los preparados intravenosos.Hasta aquí, de momento, nuestro acercamiento al peróxido de hidrógeno. Cabe recordar, en lodo caso, que si la penicilina es eficaz contra las infecciones se debe principalmente a la formación de H202 cuando la glucosa es oxidada por el oxígeno en presencia de la penicilina. Y que algo similar podríamos señalar respecto al interferón ya que gran parte de su eficacia se debe al hecho de que también estimula la producción de peróxido de hidrógeno. Con lo que podría resultar que el interferón no es, simplemente, sino una manera más cara de lograr lo mismo que con la terapia de peróxido de hidrógeno o con vitamina C.

LA VITAMINA C INGERIDA

Que la ingesta de vitamina C es fundamental para nuestra salud ya no se discute. Hoy sabemos además que puede encontrarse en forma de ácido ascórbico, ascorbato calcico, ascorbato sódico, ácido cevitámico o ácido hexurónico. Y que uno de sus papeles más importantes es su intervención en la formación de colágeno, proteína imprescindible en los tejidos que dan soporte a nuestro organismo: cartílagos, matriz ósea, ligamentos, piel, tendones, paredes arteriales, etc. Precisamente por eso otro de los grandes investigadores del uso de la vitamina C, el doctor Matías Rath -lea lo publicado sobre él en nuestra web: MM.cfsa/uc/.com-, considera su ingesta enormemente beneficiosa tanto en casos de cáncer como en las patologías cardiovasculares. Y es que Rath sostiene que tanto las enfermedades infecciosas como el cáncer se expanden por el organismo disolviendo el colágeno del tejido conjuntivo adyacente. Es decir, para que una infección -esté producida por un virus o una bacteria- o un grupo de células cancerígenas puedan diseminarse por el organismo deben ser capaces de disolver temporalmente el colágeno del tejido circundante que les rodea. Deben “abrirse camino”. Para lo cual utilizan unas enzimas -proteínas- susceptibles de disolver y debilitar provisionalmente el colágeno y que por eso se conocen como “enzimas disolventes de colágeno”. Y una de las consecuencias de la ingesta de vitamina C es precisamente reponer el colágeno deteriorado.En esa misma línea, el doctor Ewan Cameron -uno de los pioneros en el estudio de la vitamina C- planteó que las células cancerosas excretan hialuronidasa, una enzima capaz de deteriorar el colágeno y las fibras que constituyen su estructura para crear el espacio necesario para el crecimiento del tumor.
Además la vitamina C interviene en numerosos procesos metabólicos siendo de gran importancia el reforzamiento del sistema inmune, la producción de neutrofilos y el aumento de la síntesis de interferón (factor celular que interfiere con la capacidad de una amplia gama de virus para infectar las células y que posee propiedades inmunomoduladoras, antiproliferativas y antivirales). No olvidemos, por otra parte, que un déficit de vitamina C dificulta la labor de producción de los fagocitos encargados de digerir y destruir los microorganismos patógenos que haya en el organismo. Por eso el papel de la vitamina C -tanto a nivel preventivo como herramienta terapéutica- está cada vez más asociado a un mayor número de patologías, desde la artritis al Alzheimer pasando, claro está, por el cáncer.

Debemos añadir que en los últimos años se han realizado más de un centenar de investigaciones sobre la eficacia de la vitamina C en diversos tipos de cáncer aunque lo cierto es que aún no se han llevado a cabo los grandes ensayos que den respaldo oficial a lo que se sabe. Y no por falta de iniciativas sino de fondos. La razón la expresaba mejor que nadie Linus Pauling, considerado el mayor impulsor del uso de la vitamina C y dos veces galardonado con el Nobel -el de Química en 1954 por sus investigaciones sobre la estructura de las moléculas de las proteínas y el de la Paz en 1962 por su contribución al desarme mundial-, cuando, invitado por el Instituto Nacional del Cáncer, dictó en 1990 una conferencia en la que afirmó: ‘Es muy interesante estar aquí ya que durante diez años o más ustedes se han negado a cada de una mis peticiones para obtener fondos con los que investigar bien la vitamina C”.

Afortunadamente, a pesar de todo, los estudios siguen apareciendo en un interminable goteo. Uno de los últimos -realizado por el US National Cáncer Institute y el National Pubiic Health Institute of Finland- concluyó a finales del año pasado y dejó claro que la ingesta de vitamina C reduce en un 45% la formación de cáncer de estómago, uno de los más frecuentes a nivel mundial. En Japón, por ejemplo, la tasa de cáncer es bastante más alta que en Occidente y los investigadores han llegado a la conclusión de que probablemente se deba a que su dieta es más salada y consumen poca vitamina C.

Y como ésta existen multitud de investigaciones que apuntan la importancia de la ingesta de vitamina C a la hora de prevenir y tratar gran número de cánceres. Unos han demostrado en animales su eficacia en cánceres de colon, riñón y vejiga. En ratones expuestos a fibra de vidrio en polvo se comprobó que la vitamina C inhibe significativamente el cáncer de pulmón. También se ha observado que los animales tratados con vitamina C en capsulan los tumores. Y, por supuesto, que es eficaz en la prevención del cáncer de piel. Es más, hay estudios que señalan que la vitamina C es citotóxica al menos para varias líneas de células malignas: melanoma, sarcoma, fibrosarcoma, y leucemia linfoblástica aguda. La lista de estudios y publicaciones sobre ello es interminable.

Los defensores de la ingesta de suplementos de vitamina C sostienen también -desde hace tiempo- que los enfermos de cáncer presentan un nivel significativamente reducido de vitamina C en plasma y que administrar grandes dosis de la misma puede corregir esos niveles y mejorar el sistema inmune además de otras funciones fisiológicas. Con la tranquilidad de saber que el exceso es eliminado sin problemas por el organismo. Estudios clínicos realizados por los doctores Ewan Cameron y Linus Pauling ya mostraron en su día que pacientes con cáncer terminal que fueron suplementados con 10 gramos diarios de vitamina C sobrevivieron mucho más tiempo que los que, en su misma situación, no lomaron suplementos de esta vitamina.

El Dr. Abraham Hoffer -otro de los grandes defensores de la vitamina C y amigo de Pauling- afirma haber tratado a más de 1.000 pacientes de cáncer con vitamina C desarrollando además una dieta que fue apoyada públicamente hasta por Pauling. Un régimen que complementaba con la ingesta diaria de 2 gramos de vitamina C, 800 unidades de vitamina E y entre 1 y 2 gramos de niacina así como gran cantidad de vitaminas del grupo B y vitamina A en forma de betacaroteno.

Para quienes han estudiado el tema a fondo, no existe duda alguna: la vitamina C es inocua y eficaz en el tratamiento de numerosas patologías, incluido el cáncer.

Dr CubriasMedicina Integrativa